domingo, 8 de noviembre de 2009

El viejo almendro



Orgulloso se vestía
el almendro en plena flor
embriagando con su aroma
el lugar en derredor.

Ofreciendo a las abejas
de su nectar el sabor,
que libaban espitosas
succionando sin pudor.

Coloraba el viejo patio,
lo llenaba de esplendor,
con sus pétalos cubriendo
el suelo de su blancor.

Alcanzó a tocar el cielo,
pensando que por su honor
otorgaba aquel perfume,
con ternura y con amor.


Ingnorando que allí abajo,
a sus pies, de otro color,
las pequeñas violetillas
exhalaban más olor.

© Eufrosina Amores (2008)



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